Habemos, como suele pasar en esta binaria vida, dos tipos de calvos: los que lo aceptan y los que no. Es difícil la vida cuando el cabello empieza a caerse, pues no hay voluntad propia que lo pueda detener y esto ocurre en tu propia cabeza, donde uno asume que algo de voluntad podría ser útil.
Pero hay quienes, serán los más adaptados, que aceptan que la alopecia no está dentro de sus propias manos y buscan soluciones. O se rapan. Sea como sea, estas personas ya están de un lado u otro del espectro y no es en este el grupo en el que me incluyo, sino en el de los indecisos que tenemos la cabeza a medio pelar, como esperando que un día el pelo perdido se arrepienta de haberse ido y vuelva.
Quizás, a estas alturas, me deba presentar: Soy Jorge Luis Pérez y, a parte de estar perdiendo pelo sin hacer nada al respecto, soy comediante. Soy publicado en varios sitios, a veces salgo en la radio, a veces en algún corto. Buena parte de mi obra está en
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A lo que iba, que comedidamente se lo digo a mis hermanos alopécicos: no nos quedemos en la mitad de la vía, que es por ahí por donde los coches te pillan por ambos lados. O hacemos algo al respecto y buscamos ayuda o arrancamos al problema desde la raíz capilar; nada es, a fin de cuentas, peor que un indeciso– sobretodo en temas tan peludos como estos.