


¿Cuáles son los cambios que un país invadido por la narcoviolencia y la narcopolítica va experimentando día con día?
Son tantos, que desde mi quehacer periodístico la vida no me da. Intento pues desde mi posición de observadora crítica e independiente exponer solamente algunos.
Me preocupa lo social. La descomposición del tejido social. El deterioro paulatino de la convivencia. El primitivismo frente al otro. El “sálvese quien pueda” que olvida por decreto a los demás.
Digo esto porque, en el caos en el que estamos inmersos los mexicanos provocado por el espanto y el esperpento de la violencia más salvaje a nivel cotidiano, surgen luces de aliento. Señales que nos indican que no todo está perdido. Que la esperanza sigue estando en la sociedad civil, en eso que Carlos Fuentes llama el “tercer sector”.
Los esfuerzos colectivos son importantes. La sociedad mexicana se organiza y existe actualmente una especie de despertar civil. Pero las iniciativas individuales hacen la diferencia. Pertenecen a aquellos que se salen del rebaño. Personas que deciden romper con las reglas no escritas, con la inercia rutinaria o los cánones establecidos.
Es la historia de Marisol Valles García, una estudiante de 20 años que decidió aceptar ser directora de la Policía Municipal de su pueblo, Praxedis G. Guerrero, en Chihuahua. Un puesto que obviamente no fue peleado por casi nadie a pesar del desempleo que lacera a la clase trabajadora. Por obvias razones ese tipo de puestos quedan vacíos. Casi nadie quiere arriesgarse a la disyuntiva del “¿plata o plomo?”.
Marisol dijo “si” y cuando le preguntaron si tenía miedo, contestó: “Todo mundo tiene miedo. Es muy natural. Lo que me motiva es que el proyecto es muy bueno y se puede hacer mucho por mi pueblo, y sé que vamos a poder cambiar y quitar ese… un poco de miedo en cada gente”.
Marisol no es nueva en esto. A su corta edad, trabajaba como secretaria del comandante de la Policía Municipal, pero el alcalde vio en ella, cualidades suficientes para invitarla a tomar un nuevo reto. Es estudiante de criminología y ella pensó que sería interesante afrontar un puesto que al parecer nadie quería ni regalado.
La mayoría de las corporaciones policiacas a nivel municipal, estatal y federal que existen en México con un total de 400.000 mil elementos han sido penetradas por el crimen organizado. Un policía local gana apenas 4.000 pesos mensuales, unos 300 euros. Por lo tanto, para “comprar” un policía apenas se necesitan 5.000 pesos cada mes, como señala la revista “The Economist” en su más reciente número.
La imagen de corrupción que existe en torno a las distintas policías es absoluta y lamentable. Pero Marisol está empeñada en ofrecerle algo distinto a sus conciudadanos. Quiere que la gente empiece a creer en los uniformados: “Quiero que la gente confíe en sí misma y en nosotros para que puedan invitarnos a sus casas a comer, a platicar con ellos, a ver sus necesidades, simplemente para decirles más sobre los valores y los principios… para lograr la prevención”.
Tal vez, eso es lo que necesita México, gente que ofrezca aire fresco al ambiente enrarecido en el que vivimos. Mujeres y hombres sin estar contagiados de desaliento, desesperanza o resentimiento social.
Marisol es parte de la ilusión que aún nos sostiene a muchos.
Fuente: http://www.axiomamexico.com/